La fórmula de Thornthwaite, paso a paso
Thornthwaite publicó su método en 1948 con un objetivo concreto: clasificar climas disponiendo únicamente de temperatura media mensual, que era el dato que existía en todo el mundo. Calcula la evapotranspiración potencial mensual en tres pasos.
1. Índice de calor anual. Se suman los doce meses con I = Σ (Ti / 5)1,514, tomando 0 en los meses con temperatura media negativa. Es una medida de cuánta energía térmica acumula el año.
2. Exponente. a = 6,75·10⁻⁷·I³ − 7,71·10⁻⁵·I² + 1,792·10⁻²·I + 0,49239. El polinomio no tiene justificación física: es el ajuste empírico que Thornthwaite encontró sobre datos de cuencas estadounidenses.
3. ETP sin corregir y corrección por duración del día. ETP = 16 · (10·T / I)a milímetros al mes, y esa cifra se multiplica por un factor que depende de la latitud y del mes, porque los doce meses no tienen las mismas horas de luz ni los mismos días. En Madrid ese factor va de 0,84 en diciembre a 1,25 en julio.
Lo que dice el balance P − ETP
Restando la precipitación del mes a la evapotranspiración potencial se obtiene el dato que de verdad describe el clima de un sitio para una planta o para un embalse. Un valor positivo es exceso: sobra agua, que se infiltra o va al cauce. Un valor negativo es déficit: la atmósfera podría evaporar más de lo que llueve, y lo que crezca ahí tendrá que tirar de la reserva del suelo o de riego. El patrón español típico es exceso de noviembre a marzo y déficit de mayo a septiembre, y lo que distingue a una región de otra no es el total anual sino cuántos meses dura ese déficit y cuán profundo es.
Dónde se queda corto
Usar solo la temperatura es la virtud del método y también su límite. La evaporación real depende además de la radiación solar, de la humedad del aire y del viento, y donde esos tres factores se apartan de lo normal Thornthwaite falla en una dirección conocida: subestima la ETP en climas áridos y ventosos como el valle del Ebro o el sureste peninsular, donde el aire seco y el cierzo evaporan mucho más de lo que la temperatura sugiere.
Por eso la agronomía y los organismos de cuenca no usan Thornthwaite para calcular riegos, sino la ecuación de Penman-Monteith en la versión normalizada por la FAO en su documento 56, que incorpora las cuatro variables y es la referencia internacional para evapotranspiración de referencia. Thornthwaite sigue siendo útil para lo que se inventó: comparar climas entre sí y clasificar, con un dato que existe en todas las series largas del mundo, incluidas las de hace un siglo.