Borrasca histórica que provoco la mayor nevada en Madrid en más de 50 años, con espesores de hasta 60 cm en el centro peninsular.
Más de 1.400 millones de euros en daños, 4 fallecidos, colapso de transportes durante una semana.
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Filomena no fue una borrasca profunda: fue una coincidencia. Una masa de aire ártico llevaba días instalada sobre la Península cuando la borrasca, que venía del suroeste cargada de humedad subtropical, se metió por debajo. El aire cálido y húmedo ascendió sobre el colchón de aire helado y descargó en forma de nieve sobre el centro peninsular durante casi dos días seguidos. Ese es el mecanismo que convierte una borrasca corriente en la mayor nevada que Madrid recordaba en medio siglo: no hacía falta una presión excepcional, hacía falta que el frío estuviera ya ahí. Después de la nieve llegó lo peor del episodio, una ola de frío con la nieve en el suelo actuando de espejo y radiando el calor al cielo despejado.
Las cifras que siguen no son estimaciones ni se han copiado de ningún parte: se han calculado sobre ERA5, el reanálisis del Centro Europeo, en un punto representativo de la zona afectada —Madrid— y comparando el episodio con los 27 años completos de serie. Lo que importa no es el número, sino el puesto que ocupa.
| Variable | Durante el episodio | Puesto en la serie |
|---|---|---|
| Presión mínima | 1.003,5 hPa | entra en el 5 % más extremo de la serie de las 236.688 horas medidas |
| Viento máximo a 10 m | 25 km/h | entra en el 1 % más extremo de la serie de las 236.688 horas |
| Lluvia acumulada en 6 días | 39,8 mm | entra en el 5 % más extremo de la serie de las 9.857 ventanas de 6 días |
| Temperatura mínima | -7,3 °C | entra en el 0,1 % más extremo de la serie de las 236.688 horas |
En este punto, lo excepcional de Filomena fue el frío. El resto de variables se mantuvo dentro de lo que ese lugar ve con cierta regularidad. Para situar la lluvia: el episodio más lluvioso de esos 6 días registrado en Madrid en toda la serie fue de 90,4 mm, el 17 de diciembre de 1996.
ERA5 trabaja con celdas de unos 28 kilómetros y una orografía suavizada. Describe bien la masa de aire y permite comparar un temporal con otro sobre la misma vara de medir, que es justo lo que no puede hacerse con los registros de estaciones que han cambiado de emplazamiento. Lo que no ve es el detalle: una tormenta que descarga sobre un barranco concreto queda promediada en una celda de 800 kilómetros cuadrados, y por eso sus acumulados son siempre menores que los de un pluviómetro bien situado. Para las cifras oficiales del episodio manda AEMET.
Datos: ERA5 · Climate Data Store de Copernicus, licencia CC-BY. Fuentes y metodología →