Seguimiento de las borrascas con nombre y DANAs que afectan a España, Portugal, Francia y Reino Unido. Activas, previstas, e históricas relevantes.
Borrascas bautizadas por AEMET, Meteo-France, IPMA y Met Office. Datos picos basados en estaciones oficiales y reanalisis ERA5.
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Los nombres no los pone cada servicio cuando le parece: existen grupos de países que acuerdan por adelantado una lista alfabética, alternando nombre masculino y femenino, y la van gastando en orden a lo largo de la temporada. A España le corresponde el grupo del suroeste, que comparte lista con Portugal y Francia: AEMET, el IPMA portugués y Météo-France. Más al norte funciona el grupo occidental, con el Met Office británico, Met Éireann de Irlanda y el KNMI neerlandés.
Una borrasca recibe nombre cuando se espera que obligue a emitir avisos naranjas o rojos, es decir, cuando el riesgo para la población es importante y no meramente molesto. No se bautiza por ser profunda: se bautiza por el daño que se le supone. Y en cuanto un grupo la nombra, los demás adoptan ese nombre en vez de ponerle otro, porque el objetivo de todo el sistema es que la misma tormenta se llame igual en los partes, en la radio y en los titulares de los cinco países por los que pasa.
Ese detalle explica una rareza que se ve en este listado: Ciarán aparece con ese nombre en España pero no figura en la lista que AEMET publicó para aquella temporada. La bautizó el grupo occidental, que la vio venir primero, y AEMET adoptó el nombre al llegar al Cantábrico.
Una DANA —depresión aislada en niveles altos— no es una borrasca. Es una bolsa de aire frío que se ha descolgado de la circulación general y queda girando a varios kilómetros de altura, muchas veces sin una baja definida en superficie. Como el sistema de nombres se construyó alrededor del viento y de la presión de las borrascas atlánticas, una DANA no encaja en el criterio y se queda sin bautizar, aunque sea capaz de producir el episodio más grave del año. La DANA de Valencia de octubre de 2024 es el ejemplo: ningún nombre, y aun así el mayor desastre meteorológico español en décadas.
Por eso este seguimiento incluye las dos cosas. Un listado que solo recogiera borrascas con nombre dejaría fuera justo los episodios en los que la lluvia manda sobre el viento, que en el Mediterráneo son la mayoría de los graves.
Cada ficha tiene dos partes. Una escrita, que cuenta el mecanismo concreto: por dónde entró, qué configuración lo hizo posible y qué tenía de particular. Y otra medida sobre el reanálisis ERA5 del Centro Europeo, descargado del Climate Data Store de Copernicus, en un punto representativo de la zona afectada: presión mínima, viento máximo, lluvia acumulada y temperatura mínima, cada una con el puesto que ocupa en treinta años de serie.
El puesto es lo que de verdad dice si un temporal fue excepcional. Un viento de 120 km/h significa una cosa en Finisterre y otra en Alicante, y solo comparando cada cifra con el historial del propio lugar se sabe cuál de las dos. Cuando de esa comparación sale que el episodio no destacó, la ficha lo dice: en Garoé, medida sobre Gran Canaria, ninguna de las variables entra en el uno por ciento más extremo de la serie, y eso queda escrito tal cual.
Los avisos oficiales los emite AEMET y las órdenes de evacuación Protección Civil. Durante un episodio en curso, el número es el 112.